¿Qué es un Sínodo Diocesano? - Arquidiócesis de Tegucigalpa

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¿Qué es un Sínodo
Diocesano?
Asamblea Arquidiocesana de Pastoral
6 de julio de 2013
Nos dice el Papa Francisco
 Los cristianos son « uno » (cf. Ga 3,28), sin perder su
individualidad, y en el servicio a los demás cada uno alcanza
hasta el fondo su propio ser.
 Se entiende entonces por qué fuera de este cuerpo, de esta
unidad de la Iglesia en Cristo, de esta Iglesia que —según la
expresión de Romano Guardini— «es la portadora histórica de
la visión integral de Cristo sobre el mundo », la fe pierde su «
medida », ya no encuentra su equilibrio, el espacio necesario
para sostenerse.
 La fe tiene una configuración necesariamente eclesial, se
confiesa dentro del cuerpo de Cristo, como comunión real de
los creyentes. (Lumen Fidei, 22)
La Palabra Sínodo
 La palabra Sínodo es una palabra que viene de la lengua
griega.
 En esta lengua “camino” se dice “ódos” y nuestra
preposición “con” se dice “sin”.
 De ahí la palabra “sin-odo”. “camino con”, camino en
común, o caminar con otros, caminar juntos.
 La Iglesia, que nació y creció hablando griego, convocó
desde el principio asambleas, empezando por la de
Jerusalén (Hech. 15,1-30), para dar respuestas nuevas a
nuevas situaciones, y nuevos interrogantes.
 Y llamó a estas asambleas “sínodos”
El concilio Vaticano II
 Los sínodos fueron desde los primeros siglos de la
Iglesia uno de los medios por los cuales los obispos
“movidos por la comunión de la caridad fraterna y
por amor a la misión universal conferida a los
apóstoles, unieron sus fuerzas y voluntades para
procurar el bien común y el de las iglesias
particulares” (Christus Dominus 36)
 El mismo Concilio Vaticano II desea que los Sínodos
“cobren nuevo vigor para proveer mejor y con más
eficacia al incremento de la fe en las diversas
Iglesias, según los tiempos lo requieran” (CD 36)
Razón
 “Sínodo es nombre de Iglesia”, decía San Juan
Crisóstomo en la segunda mitad de siglo IV.
 Los sínodos expresaban, una manera de comprender,
sentir, vivir y realizar la Iglesia.
 De la misma manera convocar a un sínodo de nuestra
Arquidiócesis implica una manera de comprender yo la
Iglesia y mi servicio en ella y para ella.
 Somos Iglesia. Nada de la Iglesia nos es ajeno.
 Todo en la Iglesia nos afecta: nos alegra o nos duele, nos
desconcierta o nos consuela, nos entusiasma o nos pone
a prueba, pero no nos debe dejar indiferentes.
En Síntesis
 El Sínodo diocesano es una asamblea de sacerdotes y
otros fieles de una diócesis, que prestan su ayuda al
Obispo para el bien de la comunidad diocesana.
 El Sínodo diocesano «es a la vez y de modo inseparable acto
de gobierno episcopal y acontecimiento de comunión, y
manifiesta la índole de comunión jerárquica que es propia de
la naturaleza profunda de la Iglesia» (Instrucción 19 de marzo
de 1997, nº 1).
 Por lo tanto, se puede afirmar que el Sínodo diocesano se
constituye como órgano de gobierno del Obispo de la
diócesis, coherentemente con la finalidad proclamada en el
canon 460, de ayudar al Obispo en el gobierno de la diócesis.
Las decisiones de un Sínodo
 La naturaleza del Sínodo queda de nuevo plasmada en la
obligatoriedad de sus decisiones. Número 2: El
Obispo es libre de acoger o no las opiniones
manifestadas por los sinodales. Sin embargo, ello no
significa ignorar su importancia, como si se tratara de
un mero «asesoramiento externo», ofrecido por quien no
tiene responsabilidad alguna en el resultado final del
sínodo: con su experiencia y consejos, los sinodales
colaboran activamente en la elaboración de las
declaraciones y decretos, que serán justamente llamados
«sinodales».
Los miembros del Sínodo
 Los miembros del Sínodo -denominados miembros
sinodales o simplemente sinodales- adquieren, por la
aceptación de su nombramiento o elección, la obligación
de participar activamente: su presencia en los trabajos
sinodales no es una simple asistencia, sino que se
encuadra en la responsabilidad de todo fiel derivada de
la comunión eclesiástica, plasmada en este caso
concreto en la participación activa: el hecho de que las
decisiones del Sínodo no son vinculantes no excusa a los
sinodales de estudiar las cuestiones planteadas.
 Con razón advierte la citada Instrucción que “con su
experiencia y consejos, los sinodales colaboran
activamente en la elaboración de las declaraciones y
decretos”.
 Los trabajos sinodales se ordenan a fomentar la común
adhesión a la doctrina salvífica y a estimular a todos los
fieles al seguimiento de Cristo.
 El sínodo, pues, no sólo manifiesta y traduce en la
práctica la comunión diocesana, sino que también está
llamado a edificarla con sus declaraciones y decretos.
 Es por ello necesario que los documentos sinodales
propongan el Magisterio universal y apliquen la disciplina
canónica a la diversidad propia de la concreta comunidad
cristiana.
 Es misión del Sínodo plantear los asuntos pastorales
peculiares de la realidad de la Iglesia particular.
Miembros del Sínodo
 El canon 463 regula quiénes participan en el Sínodo
diocesano: Canon 463 § 1: Al sínodo diocesano han de
ser convocados como miembros sinodales y tienen el
deber de participar en él: 1 el Obispo coadjutor y los
Obispos auxiliares; 2 los Vicarios generales y los
Vicarios episcopales, así como también el Vicario
judicial; 3 los canónigos de la iglesia catedral; 4 los
miembros del consejo presbiteral; 5 fieles laicos,
también los que son miembros de institutos de vida
consagrada, a elección del consejo pastoral, en la forma
y número que determine el Obispo diocesano o, en
defecto de este consejo, del modo que determine el
Obispo; 6 el rector del seminario mayor diocesano;
 7 los arciprestes (Decanos) 8 al menos un presbítero de
cada Decanatura, elegido por todos los que tienen en él
cura de almas; asimismo se ha de elegir a otro
presbítero que eventualmente sustituya al anterior en
caso de impedimento; 9 algunos Superiores de
institutos religiosos y de sociedades de vida apostólica
que tengan casa en la diócesis, que se elegirán en el
número y de la manera que determine el Obispo
diocesano. § 2: El Obispo diocesano también puede
convocar al sínodo como miembros del mismo a otras
personas, tanto clérigos, como miembros de institutos
de vida consagrada, como fieles laicos. § 3: Si lo juzga
oportuno, el Obispo diocesano puede invitar al sínodo,
como observadores, a algunos ministros o miembros de
Iglesias o de comunidades eclesiales que no estén en
comunión plena con la Iglesia católica.
 La Instrucción sobre los Sínodos diocesanos en su
apartado II, concreta algunas cuestiones acerca
de la composición del Sínodo.
 Además, el número 5 de dicho apartado concreta
que “El Obispo tiene el derecho y el deber de
remover, mediante decreto, a cualquier sinodal,
que con sus opiniones se aparte de la doctrina de
la Iglesia o que rechace la autoridad episcopal,
salva la posibilidad de recurso contra el decreto,
según la norma del derecho”.
Convocatoria y preparación
 El Sínodo sólo lo convoca el Obispo diocesano, y no quien preside
provisionalmente una Iglesia particular.
 El Obispo diocesano lo convoca cuando lo aconsejen las
circunstancias, después de oír al consejo presbiteral. “Tales
circunstancias pueden ser de naturaleza diversa: la falta de una
adecuada pastoral de conjunto, la exigencia de aplicar a nivel local
normas u orientaciones superiores, la existencia en el ámbito
diocesano de problemas que requieren solución, la necesidad sentida
de una más intensa y activa comunión eclesial, etc.” (Instrucción
sobre los Sínodos diocesanos, Apartado III, a), 1).
 La citada Instrucción indica que el Obispo ha de constituir una
Comisión preparatoria y publicar un Reglamento.
 No se ha de descuidar la preparación espiritual ya desde las
primeras fases del Sínodo, especialmente mediante la petición de
oraciones, en particular a las comunidades de vida contemplativa,
de modo que el Sínodo diocesano se convierta en un momento de
gracia para la vida diocesana.
Convocatoria y preparación
 El Sínodo sólo lo convoca el Obispo diocesano, y no quien preside
provisionalmente una Iglesia particular.
 El Obispo diocesano lo convoca cuando lo aconsejen las
circunstancias, después de oír al consejo presbiteral. “Tales
circunstancias pueden ser de naturaleza diversa: la falta de una
adecuada pastoral de conjunto, la exigencia de aplicar a nivel local
normas u orientaciones superiores, la existencia en el ámbito
diocesano de problemas que requieren solución, la necesidad sentida
de una más intensa y activa comunión eclesial, etc.” (Instrucción
sobre los Sínodos diocesanos, Apartado III, a), 1).
 La citada Instrucción indica que el Obispo ha de constituir una
Comisión preparatoria y publicar un Reglamento.
 No se ha de descuidar la preparación espiritual ya desde las
primeras fases del Sínodo, especialmente mediante la petición de
oraciones, en particular a las comunidades de vida contemplativa,
de modo que el Sínodo diocesano se convierta en un momento de
gracia para la vida diocesana.

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