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EL ORIGEN DE LAS NUEVAS
MASCULINIDADES
¿Qué sucesos fueron determinantes para su
nacimiento?
¿Qué propició los estudios sobre masculinidad?
1 – Los movimientos feministas.
El feminismo suponía sacar a la luz una
nueva forma de las mujeres para “repensarse”
a sí mismas.
Pero el cuestionamiento del hombre de su
propia masculinidad (como ya vimos) no se
produjo de forma pareja al de la feminidad.
Cuestionamiento masculino
condicionado
Ese cuestionamiento generalizado vino, en cierta medida, a rastras y
como consecuencia de estos movimientos feministas que reclamaban
la igualdad de derechos con el hombre y del reformulamiento del
papel tradicional de la mujer en la estructura patriarcal.
A la vez eso es coherente con la definición de la masculinidad
tradicional contra lo femenino y su con su carácter relativo y
reactivo.
¿ El reformulamiento de la feminidad
implicaba ineludiblemente el de la
masculinidad ?
Si aceptamos la tesis de Franz Fanon (1952) según la cual el
oprimido puede tener un punto de vista privilegiado sobre los
mecanismos de opresión, entonces no es de extrañar que las
mujeres, largamente oprimidas por el patriarcado, hayan
revisitado y reescrito la masculinidad desde perspectivas
particularmente reveladoras e innovadoras.
Las escritoras y la nueva
masculinidad.
Así, se ha destacado el papel de las mujeres escritoras
que, en sus obras, además de cuestionar los valores
patriarcales tradicionales, a menudo también “soñaban”
con nuevos modelos alternativos de masculinidad.
Y se ha prestado especial atención a los modelos
masculinos creados por escritoras desde finales del siglo
XIX, con el doble objetivo de explorar su
deconstrucción de la masculinidad y su creación de
nuevas formas de ser hombre, más igualitarias, ricas y
plurales.
En ese sentido, Angels Carabí ha estudiado los casos
de tres escritoras norteamericanas como …
•Edith Wharton (“La edad de la inocencia” 1920)
•Zora Neale Hurston (“Sus ojos miraban a Dios”1937).
•Toni Morrison (“La canción de Salomon” 1977, “Beloved” 1989).
A pesar de la gran cantidad de literatura femenina anterior (como la
inglesa del XIX), no tuvieron la oportunidad de cultivar esos modelos
para no ser relegadas a géneros menores, lo que las lleva a una “ansía
hacía la autoría “ (J.M. Armengol).
2 – Los movimientos por los
derechos civiles.
Dentro de Movimientos de los Derechos Civiles en los EEUU en los años 60,
destacan especialmente los referente a la lucha contra el racismo, pues,
como después se demostraría, la construcción de los estereotipos de la
masculinidad y de la superioridad de la raza blanca están más unidos de lo
que cabría pensar a primera vista.
Esa ha sido la causa de que muchas veces se hayan estudiado en paralelo la
masculinidad y la raza (según Segal al varón negro se le atribuía una
masculinidad subordinada, destinada a reafirmar la del hombre blanco).
También explicaría la importancia de las mujeres de raza negra en los
movimientos feministas de esta década.
3 – Los movimientos de liberación
homosexual.
Éstos se inician simbólicamente con la Manifestación de
Stone Wall en 1969, en contra de la redada policial
ocurrida en dicho pub del Greenwich Village
neoyorquino.
Estos movimientos, al cuestionar la heterosexualidad
normativa comenzaron a configuran una masculinidad
alternativa, que invalidaba la exclusividad de una única
forma de “ser hombre”.
La Crisis de la Masculinidad Tradicional y
la Nueva Masculinidad
No obstante, no es hasta la última década del siglo XX
cuando empieza a popularizarse el término de la Crisis de
la Masculinidad como fenómeno sociológico y es cuando
se inicia el aluvión de artículos e investigaciones en torno
al tema de la masculinidad, así como la aparición de
agrupaciones masculinas que propugnaban una nueva
masculinidad.
¿Masculinidad en crisis?
La masculinidad no está en crisis, sólo su
modelo hegemónico, lo cual supone un paso
previo e ineludible para la asunción de nuevas
masculinidades.
Pero esa transición a las nuevas masculinidades
(muy irregular en cuanto a colectivos sociales y
culturas) supone, a la vez, un período crítico y
delicado, determinante para un futuro en
verdadera igualdad.
Los riesgos de la Crisis de la
Masculinidad
Así, se acuñó el término de “Crisis de la Masculinidad”
para explicar cierto desconcierto entre muchos hombres en
relación al trato con las mujeres y también en la manera en la
que ellos mismos se perciben en esta etapa de transición.
Esa fricción entre valores antiguos y nuevos en un mismo período
podría explicar problemas como rebrotes de la violencia machista,
homofobia, así como otras manifestaciones extremas de hombres
“rezagados” en esa transición.
Patología de la perplejidad y trastornos de
la masculinidad transicional
En ese sentido, Luis Bonino, dentro de los
malestares masculinos, incluía ciertas problemáticas
como consecuencia de la caída de los mitos de la
masculinidad que, para ciertos varones, puede
suponer desconcierto, estancamiento del devenir
vital y conflictos con los nuevos roles. Dentro de ella
incluía la llamada “crisis de la identidad masculina”.
LOS RETOS DE LAS NUEVAS
MASCULINIDADES
Según Antonio Boscán, la mayoría de hombres desean
alejarse del sexismo, pero, a la vez, no quieren dejar de
ser masculinos, así que su mayor preocupación consiste
en asumir su masculinidad de otro modo y su mayor
temor es a la indefinición e incertidumbre que conlleva
el proceso.
El camino para el hombre …
Siguiendo a Angels Carabí, la mejor manera de actuar
en una panorama así es empezar con que el hombre
reconozca su situación real. Es decir, se haga
consciente de hasta qué punto ha sido configurado
por la construcción tradicional de la masculinidad y
cómo ésta ha supuesto una prisión incluso para él.
Dotarle de conciencia de género hará que también se
descubra como víctima.
De la concepción esencialista a la cultural
Tras ese reconocimiento, el hombre descubrirá entonces (como
la mujer ya lo hizo anteriormente) que la masculinidad no procede de
un concepto esencialista sino culturalmente construido y cómo
los varones tradicionalmente se han definido no partiendo de sí
mismos, sino perfilándose a través de alteridades que han creado
(la masculinidad no es femenina, étnica, ni homosexual).
De la identidad en negativo a la
construcción positiva
A nadie le agrada definirse en base a lo que no
es. Descubrir que hasta entonces la masculinidad
se ha hecho así debería impulsar a la búsqueda de
su construcción en positivo.
Ello facilitaría aventurarse a experimentar
nuevas formas de vivir en sociedad más creativas,
satisfactorias y justas para todos y todas.

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