Ciclo C Domingo II de Cuaresma «Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos eran de una blancura fulgurante»

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Ciclo C
Domingo II de Cuaresma
«Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió
y sus vestidos eran de una blancura fulgurante»
Santos del Día
• Birustano. Obispo
• Beato Contancio de Fabriano Servioli. Italia (†1481) Religioso Dominico
• San Etelberto. Reino Unido ( †616 ) Gobernante
• San Evecio. Turquía ( †303 ) Mártir
• Beata Josefa Naval Girbés. España (1820 †1893 ) Religiosa
• Beato Marcos de Marconi. Italia ( †1510 ) Ermitaño, Religioso Jerónimo
• San Modesto. Bélgica ( †480 ) Obispo
• San Pedro Palatino. Turquía ( †303 ) Mártir
• Beato Alfonso María Fusco. Italia. ( 1839 †1910 ) Sacerdote. Fundador
• San Sergio de Capadocia. Turquía Mártir
• Beato Tomás María Fusco. Italia (1831 †1891 ) Fundador
1839 †1910
Beato Alfonso María Fusco
Primogénito de cinco hijos, nació en Angri, Italia.
Su familia era campesina y cristiana.
A los once años manifestó a sus padres
el deseo de hacerse sacerdote y a los 24 años lo fue.
Se distinguió por su celo, por su dedicación.
En la confesión, mostraba su paternidad y comprensión
por el penitente. Se dedicaba a la evangelización
con una predicación sencilla pero profunda.
Soñó que Jesús Nazareno le había pedido, fundar
un Instituto de religiosas y un orfanato para niños y niñas.
Con la ayuda de Maddalena Caputo, futura religiosa,
surge la Congregación de las Hermanas Bautistinas
del Nazareno.
Ruega por nosotros
Repetía frecuentemente a sus Religiosas: «Hagámonos santos siguiendo a Jesús de cerca...
Hijas, si viven en la pobreza, en la castidad y en la obediencia, resplandecerán como estrellas
arriba en el cielo». Quería que sus Religiosas estudiaran para evangelizar a los pobres,
especialmente a los niños y jóvenes.
†
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Ven Espíritu Santo, revísteme de humildad para recibir dignamente la Palabra de Dios,
y hazme dócil a sus divinas enseñanzas.
Ven y concédeme los dones necesarios para que se cumpla en mí Su voluntad.
5 Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole:
«Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas».
Y añadió: «Así será tu descendencia».
6 Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo
en cuenta para su justificación. La alianza de Dios
con Abrám 7 Entonces el Señor le dijo:
Primera Lectura
Génesis 15,5-12.17-18
«Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos
para darte en posesión esta tierra». 8 «Señor, respondió
Abram, ¿cómo sabré que la voy a poseer?». 9 El Señor
le respondió: «Tráeme una ternera, una cabra
y un carnero, todos ellos de tres años, y también
una tórtola y un pichón de paloma». 10 El trajo
todos estos animales, los cortó por la mitad y puso
cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros.
11 Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales
muertos, pero Abram los espantó. 12 Al ponerse el sol,
Abram cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran
temor, una densa oscuridad. 17 Cuando se puso el sol
y estuvo completamente oscuro, un horno humeante
y una antorcha encendida pasaron en medio
de los animales descuartizados.
18 Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abram
diciendo: «Yo he dado esta tierra a tu descendencia
desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río,
el río Eufrates».
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
«Aquel día el Señor hizo alianza con Abrám»
Con Moisés es Abraham el personaje más importante de la historia de Israel
antes de la venida de Cristo. En él comenzó, la vocación del pueblo de Israel.
Abraham, llamado por Dios, vino a ser no sólo el padre del pueblo elegido, en sentido de raza,
sino también, en un sentido más profundo y real, el padre de todos los creyentes.
Pablo acudirá frecuentemente a los relatos bíblicos de ese patriarca, para afinar el sentido
de vocación, de fe, de justificación, de gracia. Abraham, siguiendo la voz de lo alto,
dejó su tierra y sus parientes y se echó a caminar por el mundo sin dirección ni punto fijo.
Una bendición particular, había dicho el Señor, lo acompañaría por siempre.
La bendición se ampliaría, con el tiempo, a todas las gentes. La dádiva de un hijo fue el primer
paso; Dios le concedió a él y a su mujer, entrados en años, la gracia de una descendencia.
Más aún, la descendencia había de ser numerosa como las estrellas del cielo
y las arenas del mar. También una tierra propia y rica le había prometido el Señor.
Parte de la promesa se cumplió en su vida; parte quedó para el futuro,
como objeto de esperanza. La promesa se irá alargando hasta Cristo.
Pablo lo recordará constantemente en sus cartas.
Abraham desea una señal que le garantice la seriedad de lo prometido.
Dios condesciende y sella su promesa con un pacto dentro del ambiente cultural
y religioso de aquella época.
El mismo acto de creer es ya para Abraham principio de salvación; es la justificación.
Por la fe hace suya la amistad que Dios le ofrece en su palabra,
y se hace poseedor ya de los bienes prometidos.
La esperanza nos hace caminar y superar los obstáculos que pudieran interponerse.
Este texto coloca frente a frente a Dios, que llama y promete,
y al hombre, que escucha y espera.
Salmo 7(26)
1.7-8.9abc.13-14.
1 El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?
7 ¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
8 Mi corazón sabe que dijiste:
«Busquen mi rostro».
Yo busco tu rostro, Señor, 9 no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda; no me dejes
ni me abandones, mi Dios y mi salvador.
13 Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
14 Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.
«El Señor es mi luz y mi salvación»
Podríamos colocar este precioso salmo en el grupo de los salmos de súplica:
“Escúchame, Señor, que te llamo”.
Sin embargo, cobra tal importancia la confianza y la esperanza tan segura de su alma
de poseer a Dios, que bien merece que lo coloquemos entre los salmos de confianza.
El estribillo es bello sobremanera: El Señor es mi luz y mi salvación.
Tanto el presente como el futuro descansan seguros en las manos del Señor.
Él es la Luz que no se apaga y que ilumina en todas direcciones;
Él es la salvación que no se agota y que dura siempre.
Los versillos van de un punto a otro: de la confiada oración a la esperanza de un futuro gozo.
La confianza ha de ser más efusiva; la esperanza más viva y segura.
Esperamos y pedimos gozar de la dicha del Señor.
Segunda Lectura - Filipenses 3,17-21.4,1.
3, 17 Sigan mi ejemplo, hermanos,
y observen atentamente a los que siguen el ejemplo
que yo les he dado.
18 Porque ya les advertí frecuentemente
y ahora les repito llorando: hay muchos
que se portan como enemigos de la cruz de Cristo.
19 Su fin es la predicción, su dios es el vientre,
su gloria está en aquello que los cubre de
vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra.
20 En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo,
y esperamos ardientemente que venga de allí
como Salvador el Señor Jesucristo.
21 El transformará nuestro pobre cuerpo mortal,
haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso,
con el poder que tiene para poner todas las cosas
bajo su dominio.
4, 1 Por eso, hermanos míos muy queridos,
a quienes tanto deseo ver,
ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos,
perseveren firmemente en el Señor.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
«Cristo nos transformará según el modelo de su condición gloriosa.
Pablo viene animando a sus fieles de Filipo a lanzarse decididos por el camino de la perfección.
Ésta no es otra que la mejor y mayor imitación posible de Cristo, pues en él está la salvación.
Pablo ha elegido ya este camino y no piensa abandonarlo jamás.
Cristo es su única meta, para él no hay otra.
Pablo desea que sus fieles no tengan otra preocupación que la consecución de esa misma meta.
Él mismo se propone como ejemplo. Y no porque haya adquirido ya la perfección deseada;
Pues todavía le falta mucho.
Más bien quiere e inculca Pablo la entrega total y ardorosa a seguir adelante sin descanso.
Esa ha de ser la auténtica vocación del cristiano en este mundo.
Pablo advierte amargamente que no todos, los que llevan el santo nombre de cristianos,
obran en consecuencia con su vocación. Hay individuos para los que este mundo con sus
bienes, con sus placeres, con sus pompas y vanidades, sigue siendo la meta y el ideal supremos
de su vida. Sus pensamientos y, por tanto, sus deseos no sobrepasan el ras de la tierra.
La adorable y salvadora Cruz de Cristo les sirve de escándalo. Reniegan y huyen
de todo aquello que el cristianismo les trae de abnegación, renuncia y de sufrimiento.
¡Ay de ellos! dice Pablo El fin que les espera es desastroso.
Su gloria se convertirá en vergüenza propia.
Pablo opone, por contraste, la vida y el fin de aquellos que hacen de la Cruz de Cristo
su más preciada gloria y su tesoro más valioso. La Cruz de Cristo es todo para ellos:
practican gozosos las renuncias, aguantan con alegría las privaciones
y sostienen con paciencia los sufrimientos que la Cruz de Cristo les dispensa.
Ellos no son de este mundo. Pertenecen a la ciudad celeste, donde reina Cristo glorioso.
Allí está su destino. Allí no existe el dolor; allí brilla la luz eterna; allí es Dios mismo su vida;
allí la muerte no posee fuerza alguna. Para ellos la Cruz de Cristo será su gloria.
Cristo glorioso los transformará totalmente.
Lectura del Santo Evangelio - Lucas 9,28b-36
28 Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó
a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña
para orar. 29 Mientras oraba, su rostro cambió
de aspecto y sus vestiduras se volvieron
de una blancura deslumbrante.
30 Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés
y Elías, 31 que aparecían revestidos de gloria
y hablaban de la partida de Jesús,
que iba a cumplirse en Jerusalén.
32 Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño,
pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria
de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
33 Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús:
«¡Maestro, ¡qué bien estamos aquí!
Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés
y otra para Elías». El no sabía lo que decía.
34 Mientras hablaba, una nube los cubrió
con su sombra y al entrar en ella,
los discípulos se llenaron de temor.
35 Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido,
escúchenlo». 36 Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.
Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.
Palabra de Dios
Gloria a Ti, Señor Jesús
«Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió»
He aquí otro singular misterio de la vida de Cristo: la Transfiguración.
El Señor no había resucitado aún. Cristo es todavía el Siervo paciente, el Hijo del hombre
que debe subir a Jerusalén a morir en manos de los jefes del pueblo.
Él habría de sustentar la fe de los fieles.
1. Cristo, según Lucas, ora intensamente, especialmente en los momentos más importantes
de su vida. Como Hijo, Siervo y Profeta necesita estar en constante e íntima
comunicación con Dios, Padre y Señor.
2. Moisés y Elías. Junto a Jesús, envueltos por su gloria,
aparecen las figuras de Moisés y Elías: la Ley y los Profetas.
Los profetas que testifican de Jesús en el cumplimiento, profético y filial, de la misión
que le encomendara el Padre: Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión.
La muerte es, el paso obligado para la gloria. Jesús, una vez resucitado, recordará,
a los discípulos de Emaús y en el Cenáculo, cómo todo ello estaba dicho en Moisés,
los profetas y los salmos.
3. Pedro no comprende el misterio, quiere hacer definitiva la felicidad pero la Transfiguración
es un alto en el camino, no la meta; es un alivio, una ayuda, no la coronación definitiva.
No recordaba -el Señor lo había indicado varias veces- que a la gloria había que ir a través
de la Cruz. El sueño simboliza la poca comprensión del misterio.
4. Voz de lo alto explica el acontecimiento: “Este es mi Hijo; escuchadle”.
La palabra y la transfiguración declaran incontestablemente el misterio de Cristo
como Hijo de Dios. Todo lo que él diga y todo lo que él haga es para nosotros Palabra firme
de Dios. Cristo es el Revelador del Padre. El mandato es explícito y claro: Escuchadle.
Gracias Señor por tu Palabra purificadora,
que ilumina, alimenta, enriquece, alegra, consuela y compromete.
Concédenos vivir conforme a ella.
Transfigúranos Señor, para que vivamos la cruz de cada día
iluminados con los destellos de la gloria venidera.
¡Oh clementísima Virgen María,
Madre de Dios, Reina del Cielo,
Señora del mundo, Júbilo de los santos,
Consuelo de los pecadores!
Atiende los gemidos de los arrepentidos;
calma los deseo de los devotos;
socorre las necesidades de los enfermos;
conforta los corazones de los atribulados;
asiste a los agonizantes;
protege contra los ataques de los demonios
a tus siervos que te imploran;
guía a los que te aman al premio
de la eterna bienaventuranza,
en donde con tu amantísimo hijo Jesucristo
reinas felizmente por toda la eternidad.
Amén.
Tomás de Kempis
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